La Piqueta del Progreso: así bautizaron a la implacable demolición del tradicional barrio El Saladillo de Maracaibo. Con ella, arrasaron viviendas perfectamente diseñadas para el clima marabino y condenaron a sus habitantes a vivir hacinados en bloques que parecían pajareras. El reflejo de ese fracaso urbanístico quedó a la vista de todos: el elevado de Delicias terminó mocho, amputado de un brazo.
Los vecinos de Veritas, Belloso y Santa Lucía se plantaron con dignidad y no le creyeron el cuento a la mentada piqueta. Y es que juntar «piqueta» y «progreso» en una misma oración, parece una escalada del mal. Piqueta suena a insano, a embuste y a robo. Progreso suena —como cantaba Alí Primera— a que el pueblo se queda flaco mientras los de arriba aumentan de peso. Y no solo peso físico, sino peso de poder y cobres.
Comentario del autor del blog: La demolición de casas en El Saladillo trajo una mejor vista a muchos espacios icónicos hoy día. Se hizo el Paseo Ciencias hoy de La Chinita.
Pero faltó una solución más creativa para los que perdieron sus viejas viviendas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario