domingo, 17 de mayo de 2026

Apuntes Urbanos

 Los Apuntes Urbanos se están convirtiendo poco a poco en apuntes carreteros, fluviales y marítimos. Puentes, trenes y otros tipos de medios de comunicación. Su historia, propuestas a futuro y tendencias. Opiniones, etcétera, etcétera, etcétera.

Por supuesto, tengo un modo particular de pensar con respecto a las políticas urbanas del Estado. Por ejemplo claves como; Ornato Sensato, Obras Vitrinas, Obras Sanitarias por encima de las demás, transformación del medio físico, propaganda, narrativa y shows, etcétera. Son repetitivas en los escritos y siempre las estaré explicando porque es como una ideología no estructurada.

Es solo opinión, piezas de ideas para comunicar y debatir.

Recordemos que el 95% de nuestra existencia la pasamos en las ciudades y a partir de esa existencia se estructuran los mejores recuerdos. Si el medio urbano es vivible, mejor aún.

Apuntes Urbanos

Avenida Francisco de Miranda de Santa Rita, municipio Linares Alcántara; éste corredor vial fue construido en la década del noventa, ya que antes era una carretera. Creo que fue bajo el Gobierno Tablante, si no me equivoco.
Termina en el río Turmero o Camburito y de forma inconveniente se convierte en variante hacia una carretera gomera.

Cuando se habla de carretera gomera se habla de una carretera muy angosta, que fue construida en el gobierno de Juan Vicente Gómez (1908-1935). Se puede mejorar la variante y el ancho de la carretera a pesar del drenaje natural que ahí se encuentra. No es necesario construir una avenida principal. Mejorar el ancho y suavizar las curvas.

La pasarela es por lo demás una chatarra hecha como de manera improvisada, la seguridad peatonal es nula. Y el puente muy angosto para pasarlo a pie. Se requiere un puente actualizado con su respectivo paso peatonal.

Seguiremos con el mismo corredor vial porque no todo es malo. Con más imágenes.

sábado, 16 de mayo de 2026

Artículo de prensa de VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE

Publicación primera: Como parte del “Manifiesto de 1932” que circuló en forma de panfleto en el Perú en 1932. Éste luego apareció en Repertorio Americano, XXIV, no. 14 (23 de abril de 1932), 217-219; no. 15 (30 de abril 1932), 234-236; y no. 16 (7 de mayo de 1932), 244-246; y en V. R. Haya de la Torre, Construyendo el Aprismo (1933).

"PERUANICEMOS EL PERU"

El Partido Aprista Peruano ha recogido desde la iniciación de su labor política en el país, la sincera invocación de José Carlos Mariátegui, que en una época militó bajo las banderas del aprismo: "Peruanicemos el Perú". Peruanizarlo es nacionalizarlo en el sentido integral y elevado del concepto. Es luchar por que sea nación libre y justa. Y no podremos peruanizar el Perú mientras las grandes mayorías de los peruanos vivan en la ignorancia y en la miseria. No podremos peruanizarlo sin acometer humana y cientificamente la redención, del indio. No podremos peruanizarlo mientras vivamos en pleno coloniaje económico, hipotecando día a día nuestras fuentes de riqueza a cambio de empréstitos ruinosos. No podemos peruanizarlo mientras el Estado sea instrumento de opresión y abuso y botín de riqueza de unos cuantos.

Por la peruanización auténtica e integral del Perú, lucha el Partido Aprista Peruano. Sin apartarse de la visión del mundo, sin desestimar ninguno de sus grandes fenómenos económicos, sociales y políticos, el aprismo aspira a una obra do verdadero nacionalismo. Nacionalismo esencial y moderno quc no excluya su sentido social y humano. Nacionalismo basado en el hijo de la Nación que trabaja, que la sirve, que la integra. Por eso somos el Partido de las mayorías nacionales de las grandes masas de peruanos que anhelan hacer valer su derecho a la vida civilizada, que debe ser para un pueblo garantía de progreso material y cultural.

El llamado del aprismo en nombre de la peruanización del Perú, no es una vana palabra. Es un esfuerzo concreto y realista cristalizado en un programa afirmado en principios científicos. No importa que la tarea que ese programa imponga sea vasta y compleja. Lo que importa es, que sea realista y posible si hay fe y decisión para emprenderla. No importa que en la aplicación de nuestro plan haya que rectificarse por que las rectificaciones a que obliga la realidad son nuevas experiencias aprovechables y hasta necesarias a toda obra política y social que no caiga en el utopismo. Lo que importa es que la obra de reconstrucción que el Peru necesita, tenga una línea directiva, una orientación, un sentido. Nuestro Partido ha sabido darlos sin negar, ni antes ni hoy, la colaboración de todo aquel que pueda coadyuvar a nuestra obra con capacidad y con honradez.

Nosotros aspiramos a la máxima justicia y al máximo bien, pero no confundimos la gran aspiración ideal con el paso difícil que impone el largo camino para alcanzarla. No pretendemos que la tarea del aprismo sea definitiva y eterna. Podrá superarse y debe superarse. Creemos sí, que en nuestra generación y en nuestra época, el aprismo ha señalado ya una misión y un camino. Para esta obra esforzada y salvadora, hemos fundado un Partido en el que sólo no tienen cabida quienes sean incapaces de sacrificarlo todo por la causa del nuevo Perú. Nuestra disciplina, nuestra organización, nuestra unidad, nuestro absoluto desinterés personal, son medios morales de educación individual, social y política, absolutamente necesarios en un pueblo como el nuestro al que faltó siempre el ejemplo saludable de directores preclaros. Porque es necesario repetirlo: tan importante como la obra de reorganización material del país, consideramos la de su moralización. Una y otra están relacionadas. Los mejores programas económicos y politicos fracasarían sin una enérgica tentativa para la educación moral del Perú. Ambos son para nosotros primordiales. Por eso, al mismo tiempo que hemos formulado un programa completo de reorganización económica y politica, ofrecemos en las filas de nuestro Partido la escuela de austeridad y de sacrificio que lo harán posible. Así marchamos hacia la "Peruanización del Perú".

Víctor Raúl Haya de la Torre 

Autor 



 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Artículo de prensa de Rafael Caldera

 Rafael Caldera - sitio web oficial

EL ESPEJISMO DE LA CONSTITUYENTE 

Columna de Rafael Caldera «Panorama venezolano», escrita para ALA y publicada en diversos diarios, entre ellos El Universal, del cual extraemos su texto, del 11 de agosto de 1993.


 Sobre la conveniencia de hacer una reforma general de la Constitución hay consenso. Hay que ampliar la democracia representativa, hacerla más participativa, renovar las estructuras del Estado para hacerlo más eficiente y para que preste un mejor servicio. La cuestión está en quién debe hacer la reforma, si el Congreso que vamos a elegir (con un referéndum popular para su aprobación) o una Asamblea Constituyente.


No dudo que entre los partidarios de que se convoque una Asamblea Constituyente hay quienes, de buena fe, piensan que todo está tan podrido que sólo rompiendo el «hilo constitucional» se pueden adoptar fórmulas capaces de poner al país en marcha hacia una nueva realidad. No me pueden negar que hay también quienes, convencidos de que nada pueden alcanzar dentro de los parámetros previstos por la Carta Fundamental, promueven la idea de la Constituyente porque se imaginan que van a introducirse en ella para pontificar sobre el destino del país. Por supuesto, hay además quienes necesitados de un apoyo electoral cada vez más desfalleciente, suponen que con este atractivo podrán salir del estancamiento en que se hallan y hacerse pioneros de un futuro incierto.


La verdad es la de que los más esforzados propagandistas de la idea no explican cómo será la Asamblea que proponen, ni qué proponen que dicha Asamblea deba realizar. Porque una Asamblea Constituyente, de acuerdo con la doctrina, asume en sí todos los poderes del Estado. Puede destituir al Presidente de la República y disponer quién o quiénes debe sustituirlo: en el rigor de los principios, podría decidir que en vez de un Jefe de Estado hubiera un Consejo de Gobierno, o una monarquía constitucional. Todo está a su arbitrio, la integración de los poderes públicos, la enunciación de los derechos ciudadanos y hasta la estructura misma de la República. Es curioso, por cierto, que acérrimos federalistas hayan sugerido una Asamblea Unicameral, la cual, al eliminar el Senado, borra de un plumazo la representación de los estados, que es precisamente la justificación de la Cámara Alta. Se supone que la elección de la suprema Cámara sería hecha por votación totalmente uninominal; pero en Colombia se hizo por lista única, un solo circuito electoral (el país entero), por representación proporcional; y se previó además una forma curiosa de elección para adicionar dos miembros por cada frente guerrillero que se pacificara, escogidos a dedo por el Presidente de la República y el Comandante respectivo.


Algunos piensan que una Asamblea Constituyente tendría sólo la atribución de redactar una nueva Constitución, como ocurrió en Perú cuando el gobierno militar presidido por el general Morales Benítez la convocó, con la idea de entregar el poder a los civiles, pero sin otra atribución: sólo cuando promulgada la Carta Fundamental se hizo la elección popular del presidente Fernando Belaúnde Terry, entregaron los militares el poder. La Constituyente colombiana fue convocada por un Decreto, dictado por el presidente Gaviria, en virtud del estado de sitio, como una Asamblea «Constitucional», con agenda limitada y tiempo de duración preciso. Se suponía que actuaría durante el receso del Congreso, por lo que debió finalizar sus labores antes del 20 de julio, fecha en que se reunirían nuevamente las Cámaras. Pero la Corte Suprema, al declarar «exequible» el Decreto (por un margen muy estrecho y contra la opinión de la Sala Constitucional), suprimió la limitación de la agenda, aunque dejó el plazo: al instalarse, la Asamblea se auto-denominó «Constituyente» y disolvió el Congreso, lo que motivó la renuncia del ex presidente Pastrana Borrero, quien había sido electo como uno de los miembros de la Constituyente.


Lo más curioso del caso colombiano es que, una vez terminada la redacción de la nueva Carta (festinadamente, para sujetarse al plazo previsto) no se presentó a referéndum popular. Fue fruto de pura democracia representativa, porque los constituyentes no rindieron cuenta a nadie.


En Venezuela, los únicos que han dicho concretamente lo que quieren cuando piden la convocatoria de la Constituyente son algunos distinguidos y apasionados voceros del extremismo neoliberal. Ellos aspiran a sustituir la actual Constitución, que califican de «socialista», por una de su más pura ortodoxia. Quieren suprimir la «pamplinada» de los derechos sociales y eliminar todo rastro de intervención del Estado. Tachar desde el preámbulo, todo lo que tenga algún sabor de justicia social. Pienso que para ellos lo más fácil sería poner en vigencia la Constitución de Pérez Jiménez, ya que Laureano Vallenilla, en 1953, en la última discusión el texto, le hizo una poda a fondo, convirtiéndolo prácticamente en una sencilla Ley Orgánica del Poder Público.


La finalidad que inspiró, con gran ilusión, al proceso constituyente colombiano fue, principalmente, renovar la clase política. Claro que, además, cambiar las estructuras, ya que la Constitución de Ríonegro tenía más de cien años de vigencia, con pocas modificaciones, y prohibir algunos abusos de los parlamentarios. También había, en el fondo, el deseo de anular por este medio la extradición de colombianos a Estados Unidos, aspiración hondamente sentida y vigorosamente reclamada por los narcotraficantes. Se aspiraba, además, a que se abriera definitivamente la puerta a la pacificación de los grupos guerrilleros. Pero esos y otros problemas del país no quedaron resueltos; continúan las guerrillas alterando el orden público y social, y en las elecciones siguientes, más de la mitad de los miembros del Congreso fueron los mismos de antes. Y cuando se tuvo la esperanza de que los jefes de la narco-violencia se entregaran como ocurrió, en efecto, temporalmente, con Pablo Escobar, el éxito resultó fugaz, y hoy siguen el jefe del Cartel de Medellín y los demás empresarios del narcotráfico disfrutando de impunidad.


El ejemplo de Colombia nos atañe especialmente, por la estrecha vinculación y el indisoluble afecto que nos vincula con el país hermano y porque el caso de la hermana República fue el que motivó entre nosotros el planteamiento del tema. Valdría la pena que quienes lo sustentan estudiaran a fondo la experiencia colombiana y siguieran de cerca el proceso del «Fujimorazo» (¿reelección?, ¿pena de muerte?) en el Perú.


La Constitución venezolana de 1961 fue elaborada por el Congreso, con ratificación de las Asambleas Legislativas. Dos años de intensa labor produjeron la Carta que más ha durado y que ha merecido mayor reconocimiento de los constitucionalistas de América Latina y de España. Lo más sensato ahora es comprometer al Congreso que se va a elegir, a emprender de inmediato la reforma general de la Constitución, para interpretar los cambios experimentados por el país en estas tres intensas y complicadas décadas. Se puede incluir en la reforma la previsión de convocar una Asamblea Constituyente, para el caso de llegarse a considerar que la reforma no llena las expectativas nacionales. Así lo propuso la Comisión Bicameral que tuve el privilegio de presidir, aunque deberían precisarse mejor las características y objetivos de una eventual convocatoria. No condenaríamos al electorado (que ha mostrado últimamente no despreciables corrientes abstencionistas) a un nuevo e inmediato proceso electoral.

Doctor Rafael Caldera Rodríguez 

Autor 


martes, 12 de mayo de 2026

Artículo de Prensa de Víctor Raúl Haya de la Torre

REPERTORIO AMERICANO, XXIV, Num. 14 (23 de abril de 1932)

Víctor Raúl Haya de la Torre 

Aprismo y comunismo

EL APRISMO NO ES COMUNISMO

Mil veces ya hemos ratificado esta declaración terminante: el aprismo no es comunismo. Y no es comunismo, no porque los apristas lo declaremos. Nuestra afirmación esta fundada en el propio Marx. El comunismo científico, no el primitivo de los pueblos primarios ni el utópico y verbal de los fantaseadores revolucionarios, es una etapa social y económica posterior al industrialismo capitalista. La gran industria crea al gran proletariado, y cuando éste ha evolucionado suficienteinente hasta alcanzar un alto grado de conciencia y de cultura, es que el comunismo es posible. Del examen realista de nuestras clases sociales ... hemos llegado a la conclusión de que nuestro proletariado es incipiente como incipiente es nuestra industria. Hemos visto también que nuestro proletariado no es el proletariado manufacturero de los paises verdaderamente industriales. Nuestra industria es mayormcnte extractiva, de materia prima o medio elaborada. Consecuentemente, el grado de progreso cultural de nuestro proletariado es menor, es más lento que el de los proletariados de la gran industria, que "forjan la máquina" y producen la manufactura. Un pueblo es verdaderamente industrial "cuando produce los instrumentos de producción", cuando hace la máquina, quando extrae y utiliza el hierro. Nuestros pueblos importan la máquina, nuestro proletariado aprende a manejarla, pero no puede forjarla. Por eso, nuestro industrialisino es económicamente colonial e incipiente y nuestro proletariado como clase no puede gobernar aún.

De otro lado, la industrialización del país de que hablaba en sus discursos el señor Leguía y que hoy repiten muchos de nuestros viejos políticos, resulta una vana palabra. Industrializar el Perú, cómo Estados Unidos, Inglaterra, Alemania o el Japón, ha de ser por varias edades imposible. Imposible aún cuando imperara el socialismo en el mundo. Porque la competencia y la superproducción industrial de hoy no lo permiten; porque el costo de producción de una industria manufacturera en el país no tolerarïa concurrir con la de los países que han alcanzado un alto grado de evolución económica, social y técnica. Y aún cuando el socialismo fuera el sistema económico mundial, superindustrializar a nuestros pueblos sería retornar a la "anarquía de la producción" que es el término científico de Marx para señalar como origen de las crisis del capitalismo el afán de producir excesivamente, bajo el empuje de la competencia, más de lo que el consumo del mundo necesita o puede absorber.

Los apristas hemos sostenido y sostenemos también que la realidad de Rusia no es la realidad del Perú. La posiciön, extension y aislamiento geográfico de Rusia, su estupenda riqueza en productos naturales, su grado anterior de evolución industrial manufacturera y la característica psicológica de su pueblo, han permitido el gigantesco y transcendental experimento que hoy realiza cuyo resultado es aventurado prever, pero cuya importancia es absurdo desconocer. Sin embargo, expresivo de la complejidad de los fenómenos económicos y sociales, aún en los pueblos que han alcanzado un alto grado de industrialización, el hecho histórico de que naciones más avanzadas que Rusia por su industrialismo, con prolrtariados que confinan númericamente con la mayoría de su población total, con problemas gravísimos de desocupación y crisis financiera, que están vecinos a Rusia, comb Alemania o cercanos a ella, como Inglaterra, no hayan seguido el camino de la revolución. Si hemos de aceptar con Marx el determinismo histórico, no es posible dejar de reconocer la trascendencla de experiencias tan palmarias ni olvidar que implican lecciones importantísimas para la apreciación de realidades como la nuestra.

Los mismos comunistas están seguros de la imposibi1idad de implantar inmediatamente el sovietismo nuestros paises. En un libro interesante del escritor colombiano Cuadros Caldas, soldado de la revolución mexicana y observador realista de los fenómenos de nuestra América, se analizan las profundas diferencias entre el aprismo y el comunismo y se cita, de un editorial del diario del Partido Comunista Francés "L'Humanité", la opinión de los comunistas europeos sobre nuestra América. En esa cita se reconoce de acuerdo con el marxismo, que los pueblos latinoamericanos no están listos para el comunismo y deben cumplir previamente su "etapa democrática de evolución política". (Véase el libro El comunismo criollo por J. Cuadros Caldas, México, 1930)

De otro lado, son bien conocidas las campañas del comunismo contra el APRA. Mientras el aprismo quiere "cumplir la etapa democrática", organizar constructivamente el Estado, educar, mejorar, defender y capacitar a las clases productoras del país, el comunismo propugna la "agitación permanente" entre los obreros de las industrias extractivas, para entorpecer la producción y favorecer el progreso de las industrias similares en Rusia. El azúcar, el algodón, el petróleo, etc., latinoamericanos compiten en los mercados mundiales con los de Rusia. Contribuir a su no producción en paises como el nuestro es favorecer la producción rusa. Por más que sepamos que todas esas industrias en el pais pertenecen casi totalmente a manos extranjeras y dejen muy poco al Perú, debemos tener en cuenta que el resultado inmediato del plan comunista sería la miseria de nuestra población laborante sin expectativas inmediatas de mejoramiento por no estar preparada para controlar la producción y gobernar el Estado por si misma, cömo hemos demostrado.

Esta profunda diferencia entre el comunismo criollo -cuya propaganda ha ayudado El Comercio- y el aprismo, es bastante para demostrar nuestra definida posición frente al comunismo, y a la labor negativa y odiosa de sus malos agentes en países como el nuestro, atentatoria contra la vida y progreso de las mismas clases que pretende defender. For eso hemos visto que mientras El Comercio y los representantes del civilismo en la Constituyente, invocan a los comunistas criollos para atacar al aprismo, nuestro Partido -Consciente de su misión defensora del pueblo- es blanco de los odiosos ataques de esa alianza inexplicable. 

Víctor Raúl Haya de la Torre 

Autor 

Artículo de prensa de Pedro Elías Hernández

 INFORME 21

Maracay: capital monetaria de Venezuela

Pedro Elías Hernández (PEH)

11 abr 2023

Artículo de PEH;

El bolívar es una moneda  enferma, de la cual huimos como si fuera una peste. 

Hay una anécdota que cuenta las enseñanzas de un maestro de economía a sus alumnos. Le gustaba el método peripatético y salía a pasear con sus discípulos. Una vez los llevó a la casa de la moneda, lugar en donde se imprimía y acuñaba el dinero de circulación legal. Al llegar al sitio se oyó el ruido de las prensas en plena producción. El maestro les decía; “oigan bien, ese es el sonido de la inflación”.

Comentario del autor del blog:

Recordemos que la inflación es monetaria, es culpa en gran porcentaje de la impresión de dinero sin respaldo. 

En Venezuela los chavistas culpan de la inflación a otros, menos los que tienen la responsabilidad de la economía y de fabricar el dinero.

Artículo de PEH

Yo vivo en la ciudad de Maracay, Venezuela, y con frecuencia transitaba por la avenida Casanova Godoy a la altura de la llamada Hacienda La Placera, paraje que le da sede a la Casa de la Moneda de mi país. A veces me detenía en las proximidades de ese lugar, de acceso difícil y distante para los citadinos. Me imaginaba el sonido de las máquinas trabajando y de la inflación venezolana que allí se generaba. Las actividades de esa dependencia del Banco Central de Venezuela entiendo que están paralizadas o semiparalizadas. Los bolívares ya no se producen físicamente allí, pero desde luego la inflación continúa campante.

En materia monetaria Venezuela sufre una crisis inflacionaria. Los precios de los bienes y servicios suben incesantemente. La moneda pierde valor, capacidad de compra. La inflación tiene como consecuencia el incremento de precios, pero los precios no suben todos al mismo tiempo ni es un fenómeno neutral. Es un proceso desigual. La inflación es un fenómeno donde hay ganadores y perdedores. Es lo que en teoría económica se llama “el efecto Cantillon”.

Muchos precios suben, pero el último que sube es el precio de la fuerza de trabajo, es decir, el salario. Al subir la mayoría de los precios y no el salario, entonces baja el precio relativo del salario, es decir, baja el salario real, ya que éste se hace más barato en comparación a los otros precios y pierde por consiguiente capacidad de compra. Y el salario real forma parte de los costos del Estado, por lo que la inflación hace que los costos salariales reales del gobierno disminuyan al compararlos con otros costos y así pueda ayudarse para cuadrar sus cuentas fiscales.

La inflación es una trasferencia de riqueza desde los que menos tienen a los que más tienen, desde los asalariados a los empleadores. En Venezuela y en muchas partes es un programa de gobierno mediante el cual el sector público se financia.

Realizando un Trabajo periodístico para la Revista “Criterios”, especializada en materia económica, entrevisté en 1991 al economista Armando León, quien para el momento se había desempeñado como Director de Cordiplan (Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República). El alto funcionario de manera muy resumida y pedagógica me explicó algo que yo pensé que era muy complejo. Me expuso cómo se diseñaba el presupuesto de la república y su estructura de ingresos y gastos. Textualmente me dijo lo siguiente: “Como el ingreso del gobierno no está relacionado con la actividad económica interna, especialmente la privada, el Estado se plantea su estrategia de gasto sin considerar el aparato productivo, más que como un eventual beneficiario de ese gasto. Lo que realmente importa para determinar los ingresos es el precio del petróleo y el Estado venezolano no puede hacer mucho para afectarlo. Se trata de determinar el ingreso en dólares que se producirá por las exportaciones de petróleo y la cantidad de bolívares que se requieren para cubrir el presupuesto, el resto es dividir”.

Comentario del autor del blog;

En Venezuela no existe el esfuerzo colectivo para sostener al Estado, es un Estado patrimonial, autónomo; No requiere nación para sostenerse. De ahí Uslar alertaba con sus escritos.

Artículo de PEH;

A partir de ese momento entendí cómo funciona monetaria y cambiariamente Venezuela. Los gobiernos tienen ingresos en dólares, gastos en bolívares y el control sobre el precio del tipo de cambio. Esta formulita contable nos ha arruinado a los venezolanos y ha hecho que el bolívar sea una moneda extinta y haya perdido sus atributos como dinero.

La inflación y la devaluación son dos fenómenos que destruyen nuestro dinero, nuestra capacidad adquisitiva. El dinero es la propiedad privada más democrática, la propiedad privada de los pobres, ya que los sectores más desposeídos casi que solamente tienen como activo económico sus ingresos.

Comentario del autor del blog;

Cuando el Estado es patrimonial se convierte en botín de guerra, botín de guerra para soldados de fortuna. De ahí que a los jerarcas gobernantes les importe tan poco la fortuna nacional.

Artículo de PEH;

La inflación, específicamente, es un fenómeno netamente monetario. Pero no es propiamente que haya mucho dinero persiguiendo pocos bienes y servicios. A veces se explica mal la cosa. No siempre es la consecuencia de la expansión indiscriminada de la oferta monetaria por parte de los gobiernos para financiar su déficit fiscal. Puede haber inflación incluso sin emitir moneda. Son los llamados efectos diferidos de la inflación.

El asunto grave en el caso de la inflación venezolana presente es la terrible caída de la demanda de dinero por parte del público. Nadie quiere bolívares, los que llegan a nuestras manos inmediatamente los queremos gastar o usar para comprar dólares o convertirlos en un activo que sí sirva como reserva de valor, lo que alimenta la carestía y encarece el tipo de cambio. Es así como se produce una suerte de inflación inercial como consecuencia de no tener una moneda nacional sana, sino enferma, de la cual huimos como si fuera una peste.

Por ejemplo, la cantidad de liquidez monetaria que existe en nuestra economía es el equivalente apenas a 1,42% del valor total del PIB al medir las dos variables en dólares. En otras palabras, la cantidad de bienes y servicios que producimos en Venezuela tienen un muy bajo nivel de monetización.

Las naciones con alta inflación o inflación crónica, tienden a evitar convertir lo que producen en moneda nacional, debido a que le han perdido confianza y no la demandan. Por eso buscan otras monedas extranjeras (fuga de capitales) o activos para su patrimonio. Las economías prósperas, que crecen, suelen tener más de 70% de su PIB monetizado, lo cual no genera un nivel de inflación preocupante ya que hay una oferta monetaria o un dinero que inspira credibilidad y por tanto es demandado por la gente. De esta forma la riqueza que se genera es más líquida y circula mejor por la economía.

Comentario del autor del blog;

Los bolívares son de hielo, no sirven para preservar valor, siempre fue una moneda subsidiada, artificial. Que nos empobreció. 

Para contabilidad sirve, para gastarla rápidamente, sirve. Para atesorar para un futuro, ¡Ni de vaina!

Artículo de PEH;

En nuestro país, las personas no quieren bolívares y el gobierno hostiliza el dólar y tolera una forma de dolarización perversa, informal y poco transparente que evita que la actividad económica se monetice como debe para fomentar que la riqueza circule libremente a través del sistema financiero, lo que impulsaría, el ahorro nacional, el crédito y la inversión.

Para corregir tal deformación monetaria y cambiaria, sería interesante ir a un sistema en el cual cada ciudadano decida libremente en qué moneda quiere tener su riqueza o qué divisa, activo físico o instrumento de valor quiere utilizar como dinero. Esto nos llevará a un sistema multimoneda o de competencia libre entre monedas, en donde muchos escogerán el dólar. Igualmente, y en paralelo, podemos regresar a un esquema como el que tuvimos desde 1918 hasta 1975 de caja de conversión perfecta, manteniendo una moneda nacional emitida por nuestro Banco Central, pero con riguroso anclaje y respaldo en divisa extranjera, o en un activo material, que podría ser el oro monetario, aprovechando nuestra condición de país con enormes reservas auríferas.

Me encuentro en Maracay, capital monetaria de Venezuela, lugar de la Casa de la Moneda. Maracay también fue sede del gobierno y da morada a los restos del venezolano que más defendió el valor de la moneda nacional: Juan Vicente Gómez.  Desde aquí, y utilizando a esta ciudad como símbolo, debería partir una cruzada nacional para el rescate del valor de nuestro dinero.

Pedro Elías Hernández 

Autor 


jueves, 7 de mayo de 2026

Artículo de AUP con comentarios

Artículos de Pizarrón de Arturo Uslar Pietri 

Título: El Festín de Baltasar.

Libro: De una a otra Venezuela; Monte Ávila Editores, Caracas 1981; Págs. 22, 23, 24, 25 y 26.

 Hay en la Biblia una estampa que se me parece curiosamente a esta hora venezolana. Es la del rey Baltasar en el festín. El oro y la plata de los vasos sagrados judíos se llena de vino, la tumultuosa corte se regocija y se ríe, suenan las músicas, bailan las danzarinas, los cortesanos se hartan, el pueblo recoge las abundantes sobras y el príncipe sonríe, entre su ensortijada barba, contemplando aquel largo panorama de plenitud y de bienestar. Nadie parece percatarse de que se está al borde de una tragedia, que el maravilloso festín no puede prolongarse indefinidamente, que todo lo que parece abundar es aparencial y falso y va a desaparecer. Hasta que aquella mano misteriosa escribe en la pared la enigmática sentencia que anuncia la inevitable catástrofe y que empieza con la palabra "mene". Una palabra que las gentes del lago de Maracaibo conocen bien y saben descifrar.

 Mucho de ese festín tiene la vida venezolana. El gobierno emanado del golpe del 18 de Octubre parece presidir gozosamente una pródiga y larga fiesta en la que se consumen enormes recursos.


Comentario del autor del blog:  

Mi abuelo decía; con lo que nada cuesta se hace fiesta. el petróleo y las minas cuando están tecnificadas e industrializadas producen mucho dinero y requieren poco personal, entonces los manejadores del estado venezolano hicieron gestión distributiva para "empoderar" a la población //es difícil sembrar el petróleo, porque siempre los gobernantes lo usan para hacerse de una clientela política y así permanecer en el poder.


Seguimos artículo de Uslar;


 Según los mejores cómputos en poco más de un año, llevan gastados mil cuatrocientos millones de bolívares. Una suma de dimensiones colosales que se ha a desbordado sobre Venezuela como esos chaparrones tropicales que todo lo inundan y arrastran, llenando de dinero alegre y fácil todas las bolsas y poniendo el país a vivir como en el diario sorteo de una lotería en la que siempre hubiera de ganar.

 Es una suma que excede a la de cuatrocientos millones de dólares, que los Estados Unidos consideraron suficiente para resolver los problemas políticos, militares, económicos y sociales de dos importantes naciones: Grecia y Turquía.

 Es una suma diez veces más grande que el total de lo gastado por Guzmán Blanco a lo largo de su vigoroso y creador Septenio; y también diez veces mayor que todo lo gastado por la Oligarquía Conservadora durante el tiempo que gobernó a la República desde 1830 hasta 1847.


Comentario del autor del blog:

Uslar estaba en contra del azar o la vida azarienta muy propia de los venezolanos y estaba a favor del trabajo y el estudio disciplinado.

Hace comparaciones cuando habla de dinero, para hacernos entrar en razón de que se ha gastado en gastos corrientes en vez de gastos reproductivos o inversiones. En hacer un pasticho de empleados y obreros en la administración pública para hacer proselitismo político.

Con los años después de la guerra mundial hacía comparaciones con el plan Marshall.


Seguimos con el artículo de Uslar;


 Esta enorme cantidad cuya enunciación excede en mucho el sentido de apreciación corriente, puede concebirse mejor relacionandola con las obras que podrían costearse con ella. Mil cuatrocientos millones de bolívares es el costo aproximado de veintiocho urbanizaciones semejantes al Silencio; o de mil ciento veinte grupos escolares iguales al República del Ecuador de Caracas, dónde cabría más que holgadamente toda la población escolar venezolana; o de setecientos mil kilómetros de carreteras, que es el triple de lo que actualmente tenemos.

 Esta visión de vértigo refleja la magnitud de lo gastado. Y también pone de manifiesto la enorme desproporción entre lo gastado y lo hecho. Pocas son las obras en que puede mirarse representada semejante avalancha de dinero. Se ha gastado en sueldos, en dádivas, en ensayos, en tanteos, en complacencias, en todo eso que tan pintorescamente ha llamado el Presidente de la Junta de Gobierno "coger goteras". Tal vez no haya habido en toda la historia del mundo "goteras" más caras. La verdad es que se ha gastado en holgorio político, en desordenadas prodigalidades de ganador de lotería, en festín de Baltasar.


Comentario del autor del blog:

1)- ¿Tapando goteras con tanto dinero?. Lo que cabía era empezar a construir economía real.

2)- Uslar hace inventario de lo que se podría construir con la cantidad de dinero que entró al país por petróleo. Obras imperecederas. Escuelas, represas, canales y hospitales.

3)- El proyecto de octubre era empoderar a la población para el consumo, el de Medina y Uslar era sembrar el petróleo, hacer con el dinero de la renta una economía real. Más que nada agrarista, aunque también industrial.

4)- Se volvió al estado paquidermico y todavía hoy pagamos las consecuencias hoy día de toda esa loquera.

5)- Y el jolgorio político que nunca falla. DOLCE VITA para los políticos y después miseria para la población.

Fórmula más que probada en Venezuela.


Seguimos con el artículo de Uslar;


 Con ser tan grave el despilfarro y tan cuantiosa la suma, no radica en ello lo peor del caso. El dinero malbaratado podría darse por nunca habido, imaginar que fue un fugaz sueño de Jauja del que se hubiera despertado.

 El verdadero mal, el mal casi irreparable, no está en que se haya evaporado el costo de veintiocho urbanizaciones de el Silencio son que se haya hecho ninguna, sino en que se ha pervertido, Dios sabe hasta qué profundas fibras, el sentido de la economía en el pueblo venezolano. Se le ha enseñado, en todas sus capas sociales, a desdeñar el trabajo por el maná, a perder en términos de magia y no de contabilidad, a perder la noción de los precios, de los costos y del equilibrio económico. Ya muy poca gente en Venezuela sabe o se pregunta si las cosas son o no son caras, ni mucho menos lo que significa la carestía. El Estado practica un sistema simple de tipo providencial. Cuando el pan sube de precio para el obrero, se le sube el salario al obrero y cuando el patrono se queja de que no puede pagarlo se le permite a su vez subir el precio de lo que produce o se le acuerda una prima. El Estado financia todo este artificioso mecanismo, y al Estado lo financia el petróleo.


Comentario del autor del blog;

Muy importante ese planteamiento de Uslar -nuestro festín de Baltasar termina en 2010, por decir una fecha, pero Uslar lo advertía. Aunque se equivocó en fechas y tiempo, lo admirable es que decía lo que podía pasar- aquí muchos no sabemos lo que es producir de verdad verdad, no entendemos mucho de precio, valor, ganancia, sustentabilidad, emolumentos, salarios. No sabemos distinguir cuando algo vale la pena comprarlo o no. El que tiene dinero para invertir no se sabe cómo hacerlo y entonces lo malbaratan. Lo hemos visto y nadie se ha encargado de investigar a fondo y veremos cuánto dinero se ha malbaratado en Venezuela y de esa mala praxis y malas costumbres viene nuestra crisis actual.

Seguimos con el artículo de Uslar;

 Se ha perdido la noción de lo que es una vida económica normal y se ha hecho casi imposible volver a ella, porque la inundación de dinero del fisco ha puesto en movimiento la espiral ascendente de la inflación que pasa sin tregua de precios altos a salarios altos, a costos altos que provocan a su vez nuevos precios altos.

 Ya nuestros precios no son el resultado de la oferta y de la demanda en los mercados mundiales. El precio del café o de la carne o el del maíz no suben en Venezuela porque el juego de las fuerzas económicas así lo determinen, sino porque los productores exigen el aumento y el Estado complaciente se los acuerda. No debe haber sino rostros contentos en el festín.

 El mercado mundial del café, o de la carne, o del maíz pueden fluctuar sin que los productores venezolanos se enteren. El Estado le asegura crecientes precios artificiales que paga con el dinero que obtiene de la renta petrolera, y de este modo, insensiblemente, nuestro café o nuestro algodón, o nuestros salarios se desnaturalizan y se van volviendo cada vez más otra cosa, que es precisamente petróleo, es decir mene. La misma misteriosa palabra que vio Baltasar escrita en la pared del festín.

 Esta es, justamente, la trágica condición artificial de la economía venezolana que la política de despilfarro fiscal del régimen de Acción Democrática viene acentuando de un modo angustioso. Cada vez más dependemos del petróleo, cada día más la nación y su existencia pasan a ser una mera partida de contabilidad de las empresas petroleras y el Estado venezolano reviste la fabulosa apariencia de un Midas que lo que toca lo convierte en petróleo.

 Lejos de sembrar el petróleo, que una vez me pareció la síntesis de la única política económica sensata para nuestro país, parecemos inconscientemente empeñados en arrancar lo que haya podido permanecer sembrado para convertirlo en petróleo.

 Esta transformación negativa y contraria al interés nacional parece proseguir cumpliéndose sin que nadie se alarme ante sus inmensas consecuencias. Los productores venden más caro lo poco que producen y están contentos porque todavía no se percatan de que sus plantas y animales se les están volviendo petróleo, que ya no es de ellos, ni producto de los factores económicos que utilizan. Los comerciantes están satisfechos porque cada día pueden traer más cosas y venderlas más caras. Los puertos abarrotados de importaciones son la imagen de la nación que progresivamente se esteriliza. Los obreros ganan mayores salarios que les permiten olvidar el creciente costo de la vida. Los profesionales y los rentistas ven crecer la cifra de sus entradas. Los especuladores vislumbran ilimitadas perspectivas de enriquecimiento. El Gobierno emplea cada día más personas con mayores sueldos. Todos pueden tener el risueño contento de las gentes del festín. Pero, si es así, es porque no se percatan aún de que lo que reciben ya no es dinero que representa trabajo y producción, sino una negra y endeble moneda de petróleo.

¿Hasta cuando podrá durar este festín?

 Hasta que dure el auge de la explotación petrolera. El día en que ella disminuya o decaiga, si continuamos en las condiciones actuales, habrá sonado para Venezuela el momento de una de las más pavorosas catástrofes económicas y sociales. El sistema de precios se desajustará violentamente. La importación disminuirá junto con las divisas. La escasa producción no permitirá resolver el problema del hambre y el desempleo que llevará a la miseria y a la desesperación a millares de seres, con imprevisibles consecuencias políticas y sociales.

 Esa catástrofe puede tardar mucho o puede estar muy próxima. No es fácil prever el momento en que va a reventar esta tremenda ola contra la artificial y fragilisima estructura de nuestra vida económica.

 Puede ocurrir, acaso, dentro de muchos años, cuando los pozos se agoten, o cuando se empiece a utilizar la energía atómica para fines industriales.

 Pero también puede ocurrir demasiado pronto, dentro de tres o cinco años.

 En el Cairo, en febrero de 1947, por ejemplo, un grupo de cinco grandes compañías americanas de ingeniería firmaron un contrato por valor de cien millones de dólares para la construcción de un oleoducto de treinta pulgadas de diámetro y más de mil millas de longitud, que transportará de trescientos a cuatrocientos mil barriles diarios del petróleo más barato del mundo, desde el norte de Saudí Arabia hasta la costa del Mediterráneo, cerca de Trípoli. La obra empezará en 1948 para estar concluída alrededor de 1950.

 Las firmas de ese contrato podrían ser la primera palabra de la sentencia en el muro de nuestro festín de Baltasar.