La locura del poder: Cuando los dictadores juegan a ser Dioses
¿Te has fijado en que muchos gobernantes parecen pacientes psiquiátricos con el destino de la humanidad en sus manos?
Cuando los dictadores pierden la cabeza, el resultado siempre es el mismo. En lugar de resolver los problemas del presente y construir instituciones para el futuro, se convierten en un problema viviente... ¡hasta para la cocinera del palacio!
El delirio de revivir "viejas glorias"
Una de las peores patinadas de azotea de los autócratas es su obsesión por recuperar el pasado. La historia está llena de traumas causados por este delirio:
- Mussolini quería revivir a la fuerza la gloria del Imperio Romano.
- Hitler vivía obsesionado con recuperar territorios perdidos para crear un imperio milenario.
- El emperador japonés justificó su expansionismo sangriento bajo una supuesta misión divina.
- Franco en España y Salazar en Portugal se negaban a suelta sus colonias en África y Asia, ignorando por completo que la fiesta geopolítica ya se les había acabado.
Hoy vemos exactamente el mismo patrón con Vladímir Putin y su nostalgia por la Unión Soviética. ¿El resultado? Una guerra devastadora. Es el clásico capricho del líder supremo, pero cargado de pésimas noticias para el mundo.
Lo que un día fue, no será
De niño, yo pensaba que Gualberto Ibarreto eran dos personas; estaba convencido de que se trataba de un dúo humorístico o musical. Ya de adulto entendí que es uno solo, pero su música me dejó una gran lección. Hay una verdad de Perogrullo en la música popular: lo que un día fue, ya no será.
Piénsalo así: si tu abuelo fue un hacendado multimillonario y tú hoy eres un trabajador informal que apenas llega a fin de mes, ¿cómo pretendes recuperar esa fortuna a la fuerza? Vivir anclado en el pasado es absurdo, y es un error trágico cuando lo comete un líder de Estado.
El caso venezolano: De la Gran Colombia al "Benemérito"
En Venezuela tuvimos dictadores que juraban que iban a refundar la Gran Colombia. El detalle es que nunca explicaban cómo, considerando que eso implicaba invadir o someter a países soberanos que ya tenían sus propios gobiernos. Esa fantasía histórica solo sirve para una cosa: distraer a la gente de los problemas reales del país.
Esa ficción se terminó cuando Juan Vicente Gómez tomó el poder. Acompañado por sus ministros positivistas —los llamados "científicos"—, instalaron las bases institucionales que, a duras penas y a pesar del desastre chavista, todavía persisten.
Es verdad que al "Benemérito" solo le interesaba amarrar el poder y amasar una fortuna, pero sus colaboradores, sin tanta palabrería, hicieron país.
El síndrome del "Líder del Tercer Mundo"
Años más tarde, el delirio cambió de forma pero no de fondo. Carlos Andrés Pérez y Hugo Chávez quisieron convertirse en los salvadores del Tercer Mundo. Estaban encandilados con esa idea.
Se dedicaron a viajar por todo el planeta, repartiendo dinero público y hablando hasta por los codos, mientras la Venezuela real seguía acumulando carencias y perdiendo oportunidades de oro.
La historia no miente: el poder sin contrapeso nubla el juicio. Cuando un gobernante se obsesiona con el mapa del pasado o con el ego del futuro, se olvida por completo de la realidad del presente.
Luis Eduardo Llanos Cabeza
Autor y prosumidor cultural
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