Liquidación del perezjimenismo
Miguel Acosta Saignes
Hace veintidós años, a la muerte de Gómez, un grupo de escritores, entre quienes nos contábamos, pedía insistentemente la liquidación del gomecismo. En realidad, durante mucho tiempo no llegó a quedar definitivamente aniquilado dentro del régimen de López Contreras. Y podemos añadir que en el régimen de Pérez Jiménez renacieron muchas fuerzas de las que genéricamente se habían denominado gomecistas. ¿Qué ha sido el perezjimenismo y por qué pedir su liquidación? Como está expresado en tantos manifiestos recientes, el perezjimenismo ha sido en lo político un régimen policial de caracteres fascistas; en lo social, una composición de ambiciones personales y de los peores grupos represivos —del viejo semifeudalismo— y de ambiciones de nuevo cuño que no podemos analizar aquí extensamente. Además, ha significado el régimen perezjimenista la liquidación de los partidos políticos, la conculcación de todas las libertades, la desaparición de los principios constitucionales tradicionales, con un régimen ejecutivista en que «el ejecutivo» era el autócrata, un sistema en el cual quedó abolido todo juego político, porque todos los componentes de la camarilla gobernante se negaron constantemente a oír al conglomerado nacional representado en muchos sectores.
No es una enumeración exhaustiva. Escribimos en medio de las manifestaciones del pueblo que durante tantos días ha dado una batalla memorable por la libertad; del pueblo que se ha organizado en horas; del pueblo que espera una vuelta a principios realmente constitucionales.
Pongamos todo nuestro esfuerzo en el logro de esas reivindicaciones. Es preciso nombrarlas porque ningún régimen, tan nutrido de intereses como el de Pérez Jiménez, desaparece por un simple cambio de hombres.
Comprendemos que los cambios habidos pueden medirse en algunos aspectos como profundos, pero los intereses del régimen autocrático tratarán de conservarse. Y deben saberlo tanto quienes con ilusiones democráticas van a puestos del Gobierno, como el propio pueblo, que ha conseguido con sangre, entusiasmo y decisión esta victoria que es un episodio de la vida política del país. Para que análisis detenidos puedan realizarse, para que los diversos aspectos de la economía, de la política, de la vida estudiantil, obrera, social, puedan analizarse, necesitábamos de la presencia de los exiliados, de los miembros conspicuos de los partidos políticos en cuyas filas forma el pueblo que ha combatido y triunfado.
Una vez más el pueblo venezolano, y su cabeza el pueblo caraqueño, ha dado muestras de profunda madurez. Mucha de ella nace de los particos, es decir, de aquella porción de ellos que continuó viviendo en la clandestinidad, batallando, preparando el combate que ahora se ha ganado.
No regateamos a nadie los méritos que tenga. Los sectores democráticos y progresistas del Ejército, las organizaciones cívicas, los sindicatos, las organizaciones políticas obligadas a luchar en forma innominada. Pero todos ellos deben comprender que lo ocurrido hasta ahora es solo un conjunto de sucesos, si se quiere eminentes, de la vida política de Venezuela, pero que de ningún modo significan un arribo feliz a la meta definitiva. Los derechos democráticos que se han conquistado con los episodios que comenzaron con los movimientos estudiantiles y el alzamiento de militares democráticos y patriotas el primero de enero son solo el fundamento, la iniciación o reiniciación de la vida institucional del país. Cuidémosla todos.
En otra oportunidad analizaremos algunos puntos que aquí aparecen apenas esbozados. Conste hoy la formal petición de aquellas necesidades nacionales, por las cuales se ha sufrido y combatido.
El Nacional; 28 de enero de 1958
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