Entre el concreto, mitos y buhoneros: El infierno que le hicieron a la Plaza Bicentenaria
Miren, hace unos días pasé otra vez por la Plaza Bicentenaria de Maracay y, de verdad, ¡qué tremenda cagada hicieron ahí! No me canso de repetirlo. Al que diseñó esa última remodelación en el 2015 tendrían que haberlo puesto a pasar medio día parado en el centro de la plaza sin agua. ¿A quién carajo se le ocurre que en Maracay, con el tremendo calorón que hace, vas a resolver la sombra con unas lonas chimbas y unas sombrillitas deficientes? Eso se convirtió en un peladero de chivo donde no provoca estar pero ni de vaina.
Para colmo, la llenaron de publicidad política de la gobernadora. Lo peor es que el anfiteatro, el café, la librería y los baños de abajo quedaron totalmente clausurados, condenados con rejas. Una locura.
El tiro de gracia en los 90:
Aunque la plaza ya venía a menos, el verdadero acabose y la entrada a la decadencia total fue en los años 90. Ahí fue cuando la alcaldesa Estela Rocca de Azuaje tomó la descabellada decisión de meter a los buhoneros a juro dentro del parque. Eso fue el tiro de gracia. La gente en Maracay quedó indignada con semejante decisión tan loca, porque destrozaron un espacio que era para la familia y lo volvieron un mercado persa.
Cuentos de camino y las morocotas del "Bagre":
Pero bueno, aquí es donde me quiero mandar con unos recuerdos y anécdotas que cargamos los que tenemos tiempo pateando estas calles. Una vez, estaba metido en un restaurante de esos que quedan entre la Avenida 19 de Abril y la calle Sucre, cerca de la Casa de la Cultura. Ahí me puse a hablar con un señor mayor, y el viejo me juraba y me perjuraba que la Bicentenaria la habían construido en los 80 con una sola segunda intención: cavar para buscar el botín de oro en morocotas del general Juan Vicente Gómez.
El cuento del viejo sonaba a pura fantasía, pero tenía su base real. Justo en esa manzana quedaba el despacho presidencial del "Bagre". Ese viejo dictador gobernó a Venezuela con mano de hierro por 27 años. El tipo amasó una fortuna personal grosera, pero hay que reconocerle algo: montó la institucionalidad del Estado moderno, una vaina que el país no había visto en todo el caótico siglo XIX.
¿Túneles para escapar o pura ingeniería?:
El mismo señor me decía que por debajo de la plaza pasaban unos túneles secretos gomecistas para escapar. Claro, la gente del gobierno (los ingenieros y urbanistas de la época) salieron a decir que no eran túneles de escape, sino unos drenajes subterráneos estilo parisino que habían construido para la ciudad. La verdad es que mucho de lo que decía el viejo eran lugares comunes y cuentos de camino. Pero como siempre pasa con la tradición oral, entre tanto mito siempre hay un porcentaje de verdad.
Mi "asalto" juvenil al trono gomecista:
Como en 1987, me acuerdo de una vaina muy cómica que hice. En esa época (yo tendría unos 15 o 16 añitos, imagínense), en el Museo de Arte Contemporáneo de Maracay (MACMA) hicieron una exposición con las pertenencias de Juan Vicente Gómez. Había de todo: cosas enormes, lujos y puras nimiedades cotidianas.
Como yo siempre he dicho que a la gente aquí los museos le importan un pito, las salas paraban solas. En esos tiempos no había cámaras de seguridad, ni esa "libertad vigilada" de hoy en día donde te graban 24/7. Así que, viendo que nadie me miraba, pasé por encima del tubito aterciopelado de seguridad —esos que parecen de banco—, caminé campante y ¡pácata!, me senté en la mismísima silla desde donde Gómez gobernó a Venezuela. Lo único que me faltó fue ponerme sus botas militares, pero el dictador calzaba chiquito y no me quedaron. 🤣🤣 ¡Cosas que uno hace por pura audacia de carajito!
La verdadera geografía del poder:
Echando cháchara de la buena: donde hoy está la plaza quedaba el mero centro del poder. Ahí funcionaba la Casa de Gobierno de Gómez, al lado estaba la casa de su hermana Regina Gómez, y también el edificio de Correos y Telégrafos de la época de Ignacio Andrade. De lo que no hay duda es que ahí mandaba el "Bagre", y justo en la parte de atrás quedaba su casa de residencia, que todavía está en pie: la famosa Casa de Dolores Amelia Núñez. Toda esa manzana, que fue el epicentro de la dictadura, terminó siendo con los años el punto exacto donde nació el comercio moderno del centro de Maracay.
El proyecto de Gustavo Niño: Cuando se pensaba en el clima:
Para levantar la plaza en 1983 por el bicentenario de Bolívar, demolieron todo eso y le encomendaron el diseño al arquitecto Gustavo Niño, el mismo tipo que metió mano en el diseño de algunas estaciones del Metro de Caracas. El tipo hizo su trabajo impecable. Como sabía que Maracay es un horno, diseñó la plaza con una fuente hermosa y todo un tinglado o pérgola pensado para sembrar enredaderas que taparan el sol y bajaran el calor (un detalle ambiental que a los genios del 2015 se les olvidó por completo).
Había un anfiteatro fino donde los fines de semana montaban espectáculos musicales y culturales. También funcionaba la tasca-café de un señor que creo que era español, y unos baños públicos que, aunque los manejaba una gente ahí particular, se mantenían limpios y activos. Además, los dos sótanos de estacionamiento los hicieron con la idea lógica de desahogar el tráfico del centro, y no para buscar las benditas morocotas de Gómez, como me decía el viejo del restaurante.
Lamentablemente, con la remodelación del 2015 mandaron todo eso al caño. Clausuraron el anfiteatro, enrejaron la Plaza Aérea Monseñor Feliciano González y clavaron una pancarta gigante con los ojos del gobierno regional.
Una idea para rescatar el espacio:
Miren, todavía se está a tiempo de salvar ese espacio y devolverle el brillo que tuvo. Deberían recuperar la plaza para la gente y, de paso, armar ahí mismo un micro-museo urbano. Un espacio fino donde se le recuerde a todo el que pase que desde ese mismito suelo gobernó el general Juan Vicente Gómez con mano de hierro, para bien o para mal de la historia de Venezuela. Así, sin complejos ni censuras, se pone la historia a la vista y que cada quien saque sus propias conclusiones.
Luis Eduardo Llanos Cabeza
Autor y prosumidor cultural
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| Otra imagen más de postal turística |
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| Despacho presidencial de Gómez |


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