Cuando la democracia civil venezolana llevaba un poco más de 20 años como sistema político-económico, evidenciaba un serio desgaste.
Rómulo Betancourt en la XXI Convención Nacional de AD, el 10 de febrero de 1981, asoma la posibilidad de un Gobierno de Concertación Nacional, que aglutinara a los sectores más representativos de Venezuela. No sólo políticos.
Ya Rómulo -como buen estadista que era- le veía las costuras desgastadas al sistema y hacía falta un golpe de timón.
Siete meses después muere Rómulo Betancourt y se siguieron andando sobre los errores.
Los regímenes políticos por éstos lados del mundo se desgastan en treinta años y hay que hacer ajustes para incorporar a los que se quedaron a la orilla del camino.
Para algunos personajes usufructuarios en demasía del sistema, plantearle reformas profundas para incluir a los dejados en la orilla, es mostrarle el diablo en bóxers.
Sin embargo, en cierto modo, durante la Democracia Civil se respetaron algunos espacios políticos y de otra índole, cosa que ha sido vulnerada en los últimos años.
Las sociedades necesitan respirar sin la ayuda o intervención de nadie, solo requieren a los interesados, sin el tutelaje militar totalitario. Espacios rudos como la economía, negocios, política, sindicatos y espacios sublimes como la cultura, educación, investigación científica y artes ingenuas, requieren libertades públicas efectivas y universales. No condicionadas.
Ojalá nuestras ganas de volver y mejorar la democracia sea pronto y dentro del respeto a los espacios ganados a pulso y no como cosa graciosa o tolerada como en los regímenes totalitarios.
Luis Eduardo Llanos Cabeza
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